Pax Christi Germany

El día de viernes Santo de 1947, antiguos soldados alemanes cogieron una cruz de madera y acero de 3 metros de alto y 150 kilos de peso y la llevaron de iglesia en iglesia y de pueblo en pueblo en su diócesis natal. En el medio de la cruz se había tallado el rostro doliente de Jesús que esperaba el perdón para los penitentes.

Más tarde, los antiguos soldados hicieron una peregrinación a Roma para demostrar que no deseaban la guerra en sus vidas, sino la paz. El papa Pío XII les bendijo a ellos y a la cruz, diciendo que debería ser llevada allí donde hubiese paz y peligros.

En los primeros diez años desde la Segunda Guerra Mundial, la cruz estuvo presente en algunas largas peregrinaciones en Alemania y se exhibió por la penitencia de los crímenes cometidos en nombre de Alemania. En el nombre de la cruz las hermanas y hermanos de Francia ya había ofrecido la espiritualidad de la reconciliación, mientras que la guerra todavía estaba en proceso. Llevando la cruz de la paz, los alemanes dieron su respuesta: “Sí, necesitamos la reconciliación y este será nuestro camino”. Se convirtió en un fuerte símbolo de conversión y de nuevo comienzo.

Estos fueron los orígenes del Aachener Friedenskreuz, la Cruz de la Paz de Aachen. Todavía se utiliza a día de hoy en diferentes partes de Alemania cuando las personas quieren pedir perdón, reconciliación y paz. En la década de los 80, se llevaron a cabo algunos largos peregrinajes en preparación para las asambleas ecuménicas para la Paz, la Justicia y la Integridad de la Creación. Los cristianos de diferentes denominaciones pidieron que la cruz fuera ofrenda y signo de solidaridad y amor, y que la cruz fuese cubierta con notas con mensajes personales y oraciones en las ceremonias ecuménicas.

La Cruz de la Paz de Aaechen con la cara de un sufriente Jesucristo es siempre una invitación, animándonos a luchar por la paz y dar el siguiente paso.

Personalmente, recuerdo cómo la gente joven entendió y transformó el mensaje de la cruz de la paz. En 1989, unos amigos polacos me invitaron como miembro de Pax Christi Alemania a compartir en la peregrinación internacional de estudiantes desde Cracovia hasta Czestochowa, un conocido santuario muy importante para la población católica en Polonia. La cruz participó en la peregrinación. Todo el día las personas compartieron el peso de la cruz, escucharon reflexiones y rezaron. En el primer día, los alemanes la llevaron. Los estudiantes polacos se ofrecieron a hacerlo ellos para su propia conversión. Una mañana, dos personas cuyas sendas naciones vecinas estaban enfrentadas vinieron y pidieron llevar la cruz. Querían hacerlo como un signo de reconciliación entre estos dos países. Me conmovió. Miembros de otros países cogieron la cruz. Nos vieron a los alemanes y tomaron su responsabilidad. Para mí, esto supuso una manera útil de demostrar que todos somos niños de Dios y de las hermanas y hermanos de Jesucristo.

Herbert Froehlich