Un llamado a la Iglesia Católica a comprometerse de nuevo con la noviolencia que es central en el Evangelio

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Como cristianos comprometidos con un mundo más justo y pacífico somos llamados a tomar una posición clara a favor de la noviolencia activa y creativa y a manifestarnos contra todas las formas de violencia. Con esta convicción y en reconocimiento del Año Jubilar de la Misericordia declarado por el Papa Francisco, personas de muchos países nos hemos reunidos en Roma para la Conferencia sobre Noviolencia y Paz Justa patrocinada por el Pontificio Consejo Justicia y Paz y Pax Christi Internacional, entre el 11 y el 13 de abril de 2016.

Nuestra asamblea, pueblo de Dios venido de África, las Américas, Asia, Europa, el Medio Oriente y Oceanía incluyó personas laicas, teólogos, miembros de congregaciones religiosas, sacerdotes y obispos. Muchos de nosotros vivimos en comunidades que experimentan la violencia y la opresión. Todos somos trabajadores por la justicia y la paz. Estamos agradecidos por el mensaje del Papa Francisco a nuestra conferencia: “sus reflexiones sobre la revitalización de los instrumentos de la noviolencia y, en particular, de la noviolencia activa, serán una contribución necesaria y positiva”.

 

Mirar nuestro mundo hoy

Vivimos en una época de extenso sufrimiento, trauma generalizado y miedo relacionados con la militarización, la injusticia económica, el cambio climático y miles de otras formas específicas de violencia. En este contexto de violencia normalizada y sistémica, nosotros, dentro de la tradición cristiana, estamos llamados a reconocer la centralidad de la noviolencia activa en la visión y el mensaje de Jesús, en la vida y la praxis de la Iglesia Católica y en nuestra vocación de largo plazo de curar y reconciliar tanto a las personas como al planeta.

Nos regocijamos en las experiencias enriquecedoras y concretas de personas comprometidas en el trabajo por la paz alrededor del mundo, muchas de las cuales fueron escuchadas durante esta conferencia. Las y los participantes compartieron sus historias de valientes negociaciones con actores armados en Uganda y Colombia; el trabajo para proteger el Artículo 9, la cláusula de paz de la Constitución japonesa; el acompañamiento en Palestina y la educación para la paz a nivel nacional en Filipinas. Esas experiencias iluminan la creatividad y el poder de las prácticas noviolentas en muchas y diversas situaciones de conflicto violento potencial o real. De hecho, investigaciones académicas recientes han mostrado que las estrategias de resistencia noviolenta son dos veces más efectivas que las estrategias violentas.

Ha llegado el momento de que nuestra Iglesia sea testigo viviente de la noviolencia activa e invierta muchos más recursos humanos y financieros para promover su espiritualidad y su práctica, así como para formar y capacitar nuestras comunidades católicas en prácticas efectivas de la noviolencia. En todo esto, Jesús es nuestra inspiración y nuestro modelo.

 

Jesús y la noviolencia

En su propio tiempo, cargado de violencia estructural, Jesús proclamó un orden nuevo, noviolento, enraizado en el amor incondicional de Dios. Jesús llamó a sus discípulos a amar a sus enemigos (Mateo 5, 44), que incluye respetar la imagen de Dios en todas las personas; a ofrecer resistencia noviolenta a quien les hace mal (Mateo 5, 39); a convertirse en constructores de paz; a perdonar y a arrepentirse y a ser abundantemente misericordiosos (Mateo 5-7). Jesús encarnó la noviolencia al resistir activamente la deshumanización sistémica, como cuando desafió la ley del Sabbat para curar al hombre de la mano paralizada (Marcos 3, 1-6); cuando confrontó a los poderosos en el Templo y lo purificó (Juan 2, 13-22); cuando pacífica pero decididamente desafió a los hombres que acusaban de adulterio a una mujer (Juan 8, 1-11), cuando la noche antes de morir ordenó a Pedro no usar la espada (Mateo 26, 52).

La noviolencia de Jesús, ni pasiva ni débil, fue el poder del amor en acción. En su visión y sus obras él es la revelación y la encarnación del Dios Noviolento, una verdad que se iluminó especialmente en la Cruz y en la Resurrección. Él nos llama a desarrollar la virtud de la construcción noviolenta de la paz.

Es claro que la Palabra de Dios, el testimonio de Jesús, nunca debe ser utilizado para justificar la violencia, la injusticia o la guerra. Confesamos que el pueblo de Dios ha traicionado este mensaje central del Evangelio muchas veces al participar en realidades de guerra, persecución, opresión, explotación y discriminación.

Nosotros creemos que no hay “guerra justa”. Con demasiada frecuencia, la “teoría de la guerra justa” ha sido utilizada para respaldar la guerra y no para prevenirla o limitarla. El hecho de sugerir que una “guerra justa” es posible también debilita el imperativo moral de desarrollar instrumentos y capacidades para la transformación noviolenta de los conflictos.

Necesitamos un nuevo marco de referencia que sea consistente con la noviolencia del Evangelio. Un camino distinto se va desarrollando claramente en la reciente enseñanza social de la Iglesia Católica. El Papa Juan XXIII escribió que la guerra no es un medio apropiado para la restauración de los derechos, el Papa Pablo VI asoció paz con desarrollo y dijo a la ONU “nunca jamás guerra”; el Papa Juan Pablo II dijo que “la guerra pertenece al pasado trágico, a la historia”, el Papa Benedicto XVI expresó que “amar al enemigo es el núcleo de la revolución cristiana” y el Papa Francisco ha dicho que “la verdadera fortaleza del cristiano es la fuerza de la verdad y el amor que comporta renunciar a cualquier tipo de violencia. Fe y violencia son incompatibles”. Él también ha pedido vehementemente la “abolición de la guerra”.

Proponemos que la Iglesia Católica desarrolle y considere el cambio hacia una perspectiva de Paz Justa basada en la noviolencia del Evangelio. La perspectiva de la Paz Justa ofrece una visión y una ética para construir la paz así como para prevenir, reducir y sanar el daño causado por el conflicto violento. Esta ética conlleva el compromiso con la dignidad humana y con unas relaciones florecientes, con criterios, virtudes y prácticas específicas para guiar nuestras acciones. Reconocemos que la paz exige justicia y la justicia exige la construcción de la paz.

Viviendo la noviolencia del Evangelio y la Paz Justa En ese espíritu nos comprometemos a promover la comprensión y la práctica católicas de la noviolencia activa en el camino hacia la paz justa. Con el deseo de ser auténticos discípulos de Jesús, desafiados e inspirados por los relatos de esperanza y valentía de estos días, hacemos un llamado a la Iglesia a la que amamos para:

  • Continuar desarrollando la enseñanza social católica sobre la noviolencia. En particular, exhortamos al Papa Francisco a compartir con el mundo una encíclica sobre noviolencia y Paz Justa.
  • Integrar la noviolencia del Evangelio de manera explícita en la vida –incluyendo la vida sacramental– y el trabajo de la Iglesia a través de las diócesis, parroquias, agencias, escuelas, universidades, seminarios, institutos de vida consagrada, asociaciones de voluntariado y otras.
  • Promover prácticas y estrategias noviolentas (p. ej. resistencia noviolenta, justicia restaurativa, sanación de traumas, protección civil no armada, transformación de conflictos y estrategias de construcción de paz).
  • Iniciar una conversación global sobre noviolencia dentro de la Iglesia, con personas de otras tradiciones religiosas y con el mundo en general, para responder a las crisis monumentales de nuestro tiempo con la visión y las estrategias de la noviolencia y la Paz Justa.
  • No usar o enseñar más la “teoría de la guerra justa”; continuar abogando por la abolición de la guerra y de las armas nucleares.
  • Elevar la voz profética de la Iglesia para desafiar a los poderes injustos de este mundo y para apoyar y defender a los activistas noviolentos cuyo trabajo por la paz y la justicia pone sus vidas en riesgo.

En cada época, el Espíritu Santo regala a la Iglesia la sabiduría para responder a los desafíos de su tiempo. En respuesta a la actual epidemia global de violencia, que el Papa Francisco ha llamado una “guerra mundial en segmentos”, nos sentimos llamados a invocar, orar, enseñar y tomar acciones decisivas. Con nuestras comunidades y organizaciones deseamos continuar colaborando con la Santa Sede y la Iglesia global para promover la noviolencia del Evangelio.