Superando el callejón sin salida: Corea del Norte, Estados Unidos y Abolición Nuclear

 

por Nick Mele

Esta mañana, un amigo me envió una caricatura política en la que se muestra al  líder norcoreano Kim Chong Un y al presidente de los Estados Unidos Donald Trump  subiendo a un cuadrilátero de lucha y cada uno usando uniformes en los cuales se puede leer “El Loco”.  Esta caricatura del conflicto entre dos naciones captura acertadamente la visión errada de cómo la mayoría de occidentales percibe a Corea del Norte: una nación malvada, liderada por una familia cuya cordura esestá en tela de juicio.

De hecho, desde la perspectiva norcoreana, no hay nada de anormal en la constante motivación por adquirir armamento nuclear o en la retórica apocalíptica expresada en la Naciones Unidas y en la propaganda emitida desde Pyongyang. A pesar de que Corea del Norte, claramente, observó muy de cerca la rendición libia de su programa de armamento nuclear en respuesta a las propuestas de los Estados Unidos,  los norcoreanos siguen inquebrantables en su empeño. El gobierno se ha procurado un arsenal nuclear creíble y pareciera estar a punto de desarrollar la habilidad para enviar misiles con ojivas nucleares a través del océano pacífico así como a potenciales objetivos en Japón y Corea del Sur. Un libro del 2016: Corea del Norte y la Ciencia de la Provocación,  escrito por el exanalista de inteligencia militar Robert Daniel Wallace, examina los actos y palabras hostiles de Pyongyang desde 1960 e intenta relacionarlos con varios factores, incluyendo las tensiones domésticas en el mismo país. La única correlación fuerte se encuentra en las transiciones políticas en Corea del Sur y en los ejercicios militares conjuntos entre Estados Unidos y Corea del Sur. Actualmente, Corea del Sur vive una transición larga y trascendental debido a la imputación y, ahora, acusación por corrupción a la expresidente Pak Keun Hye; cada primavera, por su parte, Estados Unidos y Corea del Sur llevan a cabo unos ejercicios militares de gran escala que incluyen un simulacro de defensa en contra de una invasión norcoreana y ejercicios con munición real. Estados Unidos, para la realización de estos ejercicios,  hace uso de unidades y reservas militares apostadas lejos del nordeste asiático.

Es así que, a pesar de la retórica y el foco que han puesto los medios de comunicación en un riesgo incrementado de una guerra nuclear, no hay nada nuevo en la situación actual del nordeste asiático excepto por las desconocidas y, aparentemente, insondables intenciones de la administración estadounidense quien no cuenta con experiencia o experticia en asuntos externos pero pareciera confiarse en militares retirados de línea dura. Incluso durante la administración Obama, el “pivote asiático” aumentó las tensiones en la región, especialmente en las aguas del sudeste asiático donde las pretensiones territoriales de China entran en conflicto con la mayoría de naciones pertenecientes a la Asociación de Naciones del Sud Este Asiático. En vista del los abruptos cambios de posición sobre la materia de la administración Trump, se presagia un aumento en estas tensiones causando subsecuentes problemas de seguridad.

Desde otra perspectiva,  durante los reinados de Kim Il Sung, Kim Chong Il y Kim Chong Un, el gobierno norcoreano ha indicado que cree necesitar un arsenal nuclear para contrarrestar la siempre presente amenaza, según ellos, de un ataque por parte de los Estados Unidos a su país. Esta suerte de lógica es exactamente a la que tememos quienes trabajamos por la abolición de las armas nucleares y, por otra parte, era la intención del Tratado para la No Proliferación Nuclear (1970) la de evitar el aumento de las armas nucleares usando precisamente ese argumento como justificación. Desafortunadamente,  las potencias nucleares de aquel entonces demoraron, y aún los siguen haciendo, el desmantelamiento de todas sus armas nucleares. En 1970 existían cinco naciones con arsenal nuclear, hoy existen nueve potencias nucleares. La elección de un hombre completamente inexperto y, aparentemente, impredecible –quien se ha preguntado porqué sus antecesores no han hecho uso de las armas nucleares- como presidente de los Estados Unidos de América aumenta el riesgo de lo que los expertos han llamado eufemísticamente como “intercambio nuclear” y, seguramente,  creará mayores inquietudes a Pyongyang justamente cuando el esfuerzo de décadas de Corea del Norte para desarrollar una carrera nuclear está  a punto de rendir frutos.

Desde los inicios del desarrollo de su armamento nuclear, Corea del Norte ha demandado consistentemente dos cosas de los Estados Unidos: garantía de que no habrá ataques desde los Estados Unidos o patrocinados por ellos y reconocimiento de la República Popular de Chosun, nombre oficial de Corea del Norte, como una nación independiente. A pesar de que ha habido momentos en que los Estados Unidos pareciera haberse inclinado por un reconocimiento de Corea del Norte nada ha salido de ellos. Por el contrario, los dos países se han encaminado a una callejón sin salida que ha tornado su relación más tensa y potencialmente más peligrosa en la medida en que la amenaza de una guerra nuclear ha aumentado.  Seguramente ahora es el momento para que los Estados Unidos den su reconocimiento a Corea del Norte para sentar las bases de un desarme nuclear mutuo como parte del esfuerzo global de abolición de las armas nucleares. Una movida como estas puede llevar a un renovado diálogo en el nordeste asiática y puede dar un nuevo ímpetu al esfuerzo global actual en pos de la abolición total de las armas nucleares.

Después de 25 años como diplomático estadounidense, Nick Mele se retiró para buscar la paz por fuera del gobierno. Activista confesional, ha trabajado como entrenador para la noviolencia para Pax Christi USA, como miembro fundador de Nonviolent Peaceforce y como representante de Pax Christi para la Conferencia Interreligiosa para el Artículo 9, un grupo de trabajo internacional encaminado a la reducción del militarismo y el armamento en la región Asia – Pacífico.

 

Nick Mele, North Korea, USA, Nuclear disarmament, nuclear abolition