Las negociaciones deberían poner fin al conflicto y dar lugar a una transición política en Siria

En marzo de 2016 se conmemora el quinto aniversario de las revueltas populares en Siria. El primer cese de hostilidades después de cinco años de guerra en ese país empezó el 27 de febrero de 2016. A pesar de las múltiples violaciones al cese al fuego que se presentan cada día, muchas comunidades han gozado, por primera vez en años, de un período de calma y de un respiro de los bombardeos. Este frágil cese al fuego es el resultado de la Resolución 2268 del Consejo de Seguridad de las ONU.[1]

Pese a que los esfuerzos diplomáticos se han reavivado, es débil la esperanza de un fin próximo del conflicto en Siria. Esta guerra prolongada representa uno de los retos políticos y morales más grandes de nuestros tiempos. Este conflicto es ahora internacional y, como tal, tiene el potencial de desestabilizar aún más la región y el mundo.

El Consejo Mundial de Iglesias y Pax Christi International hacen un llamado urgente a todas las partes involucradas para que den muestras de buena voluntad y participen en las negociaciones de Ginebra. La voluntad política, ingrediente indispensable para lograr la paz, no ha existido hasta ahora en Siria. Instamos a los gobiernos que tienen el poder de actuar en este conflicto a que se concentren en las causas fundamentales de la muerte y destrucción que han hecho que tantas personas deban abandonar sus hogares.

La violencia en Siria ha cobrado cientos de miles de vidas y ha dejado a millones de personas sin techo o sin medios de subsistencia. Instamos a la comunidad internacional a que le busque un fin a esta violencia y, al mismo tiempo, a que entable un diálogo que dé lugar a una transición política que permita al país un rápido regreso a la paz. Las conversaciones entre las facciones internas de Siria que inician el 15 de marzo en Ginebra deben crear las condiciones propicias para esta transición política. El pueblo sirio debe ser el núcleo de la resolución del conflicto. Los demás estados (especialmente los miembros del Grupo Internacional de Apoyo a Siria) y los demás entes no estatales deben apoyar un proceso liderado por el pueblo sirio.

De igual manera, se debe garantizar una ayuda humanitaria a gran escala a las poblaciones afectadas en todo el país y al gran número de refugiados que buscan seguridad en los países vecinos. El incremento en la ayuda en las zonas sitiadas y una pausa a la violencia pueden probarle al pueblo sirio que un proceso político podría producir resultados y esto conllevaría el apoyo público a la reanudación de las indispensables conversaciones de paz de Ginebra.

Durante las últimas semanas, se ha presentado una nueva ola de protestas pacíficas en Siria.[2] El pueblo sirio sabe con claridad lo que quiere: una Siria unida y democrática donde todos los ciudadanos gocen de los mismos derechos. Es claro que los manifestantes no desean la división del país. Este potencial político no debe dejarse perder. Todas las partes deben apoyar a la sociedad civil en su rol crucial en la observación del proceso del cese al fuego y del respeto de los derechos humanos, en la reducción de la violencia, el restablecimiento de la confianza, el propiciamiento del debate público y la transformación del conflicto.

Este llamado masivo a la libertad y a la democracia en Siria señala la urgencia de priorizar la transición política a un Estado inclusivo y democrático. Este debería ser un objetivo primordial en Ginebra. Se necesita una estrategia «primero Siria» en lugar de una estrategia «primero el EI». Apoyamos la plataforma democrática en Siria. Creemos que esta es la única forma de vencer al EI.

Las Naciones Unidas deben lanzar y supervisar un programa de reconstrucción a gran escala que incluya la reforma de las instituciones del Estado. A largo plazo, es necesario también un proceso transparente de justicia y reconciliación transicional en el que se incluyan todos los grupos étnicos, políticos y religiosos y en el que participen activamente los diferentes sectores de la sociedad civil.

Nuestros corazones están devastados por el sufrimiento de los creyentes de todas las tradiciones religiosas que se han convertido en víctimas de la guerra civil, del caos y de la violencia terrorista. Se debe preservar la diversidad de la región y se deben garantizar los derechos de toda persona, sin importar su religión, su etnia o su sexo. Los valores religiosos y sociales del pueblo sirio, incluyendo la libertad, la dignidad y la tolerancia, así como la Declaración Universal de los Derechos Humanos, son referencias esenciales en lo que atañe la protección de los derechos de todos los ciudadanos.

Como organizaciones cristianas, acompañamos a nuestros hermanos y hermanas en la región y apoyaremos sus esfuerzos de restauración de la paz en sus países. Asimismo, nos aseguraremos de que ellos y los otros grupos religiosos y étnicos participen activamente en el futuro de la región.

Ginebra/Bruselas, 15 de marzo de 2016

 

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